Primera Expedición Misionera FMA

22
Nov

En la mañana del 14 de noviembre de 1877 y en la primera expedición misionera Don Bosco y M. Mazzarello estaban en el puerto de Génova para despedir, confortar y enjugar las lágrimas que ellos mismos contenían.

La conmoción era grande, las primeras misioneras Hijas de María Auxiliadora rezaban y se despedían de aquellos rostros con quienes compartieron la vida. Otros patios les esperaban, otras empresas, algunas de las cuales son hoy patrimonio de nuestra historia salesiana.

De aquel puerto partió la primera expedición misionera y allí inició una página de la historia que todavía hoy continúa siendo escrita por tantas Hijas de María Auxiliadora en 93 países del mundo. Donde la invitación de Jesús “Id y predicad el Evangelio” (Mc 16,15) tomó color salesiano. El único objetivo de la expedición era el de vivir con audacia y creatividad, con palabras y acciones, el Da mihi animas, cetera tolle y el “A ti te las confío”.

Y a aquel puerto queremos volver 146 años después, para continuar alimentando el sueño misionero de Don Bosco y de Madre Mazzarello. Volver al carisma de los orígenes, de los fundadores, los cuales no tenían miedo de salir por las calles a anunciar al Señor, de revestirse de un nuevo empuje misionero que no retrocede ante las dificultades, tenaz en el cumplir la misión que Dios nos confía entre niños y jóvenes.

Salieron las primeras seis Hijas de María Auxiliadora:

– Sor Angela Vallese, 23 años.
– Sor Giovanna Borgna de 17 años.
– Sor Angela Cassulo, 25 años.
– Sor Angela Denegri, 17 años.
– Sor Teresa Gedda 24 años.
– Sor Teresa Mazzarello, 17 años.

Llevaban a las misiones el Espíritu de Mornés, cruzaron el océano y llegaron al desconocido “nuevo mundo” donde regalaron alegría y esperanza a toda una multitud de niños, jóvenes, familias.

14 de noviembre de 1877, el gran día que llevó a las FMA hacia América, trasplantando de esta manera el carisma de Don Bosco y de Madre Mazzarello.

Ir más allá de los límites para conocer nuevos pueblos y culturas fue una característica y un estilo propio de las primeras comunidades de las FMA, ansiosas por llevar al mundo el anuncio más asombroso: la
ternura del Dios-Amor. Con la bendición del Santo Padre, Pío IX, el 14 de noviembre de 1877, y la protección de María Auxiliadora; las primeras misioneras afrontaron al gran viaje.

“Las hermanas parten con un equipaje especial: una confianza total en Dios, con la alegría de proclamar el amor de Jesús, con la humildad para aceptar nuevas costumbres y nuevas culturas y con la voluntad para vivir sacrificios. Las religiosas saben que deben afrontar, si la situación lo requiere, la Cruz y el martirio, con la única convicción de que cuando Dios pide: ¡lo pide todo! ” (Crónica II, pp. 276-291).

Sor Ángela Lucía Quintero

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