María Auxiliadora

24
May

Yo siempre, desde niña, amé la Virgen, porque mi papá y mi mamá a todos nos enseñaron a rezar.

Adolescente en el Colegio de María Auxiliadora de Medellín, en la hermosa capilla con su penumbra y su sagrado silencio, me deslumbró: La virgen de líneas perfectas, sus ojos sonrientes, el niño sobre su pecho y la corona de estrellas decían al mundo y a mi corazón que si hay esperanza, que el futuro está a la puerta.

El arte sagrado desborda los sentimientos: permite deslumbrar los inicios, interrogar el sentido de uno mismo, del universo y libera de la monotonía y del sinsentido. Educa, porque no habla a la razón sino a los sentimientos y a la mente.

María Auxiliadora y don Bosco

Mas tarde conocí a Don Bosco y su relación con María Auxiliadora: el sueño de los 9 años, su corazón herido por la situación de los jóvenes y niños pobres. Su Sistema Preventivo: razón, religión y amabilidad. ¡Que vocación tan hermosa, desconocida en su tiempo! A mi se me contagió, como me contagiaron sus tres amores: La Eucaristía, La Auxiliadora y El Papa.

En mi vida religiosa como educadora salesiana, mi corazón respiraba amor y felicidad. Yo quería mucho a mis alumnas, se los manifestaba y eso las hacia felices. Esa era mi vocación: ser feliz y lograr que todos fueran felices: niñas, profesores, padres de familia y trabajadores. Ya manejábamos la famosa inscripción que don Bosco y su amigo encontraron en un reloj de sol cuando iban al seminario: “Las horas pasan lentas para los desdichados y volando para los que son felices”.

El retiro mensual era para mí un momento de cielo: evaluar mi actitud, pedir perdón, y recargar de nuevo mi corazón con amor y sacrificio.

En mi tiempo de formación llegó a mi vida un inesperado libro. La biografía de Renato Pozza, un clérigo salesiano que murió con sus muchachos en una autopista italiana por una bomba de guerra. En su libreta de apuntes encontramos la siguiente oración a María:

“Hoy, oh María, te presento mi corazón como un humilde don, es un corazón vacío de santo amor, llénalo de amor. Es un corazón sucio de tierra, embellécelo y haz de él un corazón puro como un lirio. Es un corazón soberbio, hazlo humilde. Es un corazón que no entiende su vocación, hazlo capaz de entenderla. Es un corazón dividido por muchos otros afectos, llénalo con el amor de Jesús, de santo afecto por ti y su vocación. Oh María, mi corazón es tuyo. Haz que el corazón de Jesús y el mío puedan ser uno solo”. Me lo aprendí con todas mis alumnas.

Sor Paula Elena Quintero

One Comment

  1. Diana Cristina Vallejo Valencia
    24 May 2024 18:59:19 Responder

    Leer este testimonio de Sor Paula hace que mi corazón palpite de mucha alegría porque quienes tuvimos la fortuna de en algún momento de nuestras vidas compartir con ella sabemos lo inspiradora que era su sonrisa, lo consolador que podía ser recibir un abrazo de su parte y lo mucho que nos llenaban sus palabras siempre llenas de mucha ternura.

    Honrada de conocer a las hijas de María Auxiliadora en especial a Sor Paula, que Dios y nuestra Madre sigan dando al mundo Salesianas que marquen la vida de los jóvenes.

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