Votos Perpetuos de sor Viviana García Patiño.
Con gran alegría y agradecimiento al Señor por su fidelidad se celebró el 5 de agosto en la Ceja los votos Perpetuos de sor Viviana García Patiño. Preside esta celebración Monseñor Fidel León Cadavid Marín, obispo de la diócesis de Sonsón-Rionegro.
La profesión perpetua acto público y eclesial, es la consagración definitiva por parte de Dios, a la cual corresponde, por parte de la Hija de María Auxiliadora el compromiso de vivir entregada a Él con todo su ser, en un gozoso servicio a los jóvenes según el espíritu del Sistema Preventivo. Por medio de este acto la Hija de María Auxiliadora, mientras se inserta de un modo libre y definitivo en el Instituto, penetra más profundamente en el misterio salvífico de la Iglesia.
Como Comunidad Eclesial, Hijas de María Auxiliadora, familias se reunieron para alabar a Dios por todas sus bondades y por su fidelidad y para celebrar la profesión perpetua de sor Viviana, quien sella la alianza definitiva con el Señor en el Instituto.
En la oración final sor Viviana se expresó así:
“Padre bueno y misericordioso: Hoy mi corazón solo puede decirte: ¡gracias! Gracias porque, desde antes de mi nacimiento, soñaste mi vida y la fuiste tejiendo con infinito amor. Hoy, al pronunciar para siempre mi “sí”, puedo contemplar el camino recorrido y reconocer que cada paso ha sido una expresión de tu fidelidad. Nunca me has abandonado, aun en medio de mis fragilidades, de las incertidumbres y de las noches del camino, tu amor ha permanecido firme, sosteniéndome con infinita paciencia y misericordia. Gracias por el inmenso don de mi vocación. No fue una casualidad, sino una historia de amor iniciada por Ti, que me miraste, me llamaste por mi nombre y esperaste con ternura la respuesta de mi corazón. Hoy comprendo que todo ha sido gracia, y que mi vida solo encuentra sentido permaneciendo en tu amor. Te doy gracias por mi familia, el primer lugar donde sembraste la semilla de mi vocación. Gracias por el amor recibido, por los valores que han sembrado en mí, por las alegrías y también por las pruebas que nos han hecho crecer.
Gracias porque, aunque al principio no les fue fácil comprender mi decisión de seguirte por el camino de la vida religiosa, tu amor fue obrando silenciosamente en cada. Hoy veo cómo también ellos han sido abrazados por tu fidelidad y han aprendido, conmigo, que tus planes siempre son más grandes y más hermosos que los nuestros. Gracias porque, de la mano de María Auxiliadora, me condujiste al oratorio. Allí descubrí el rostro alegre del Evangelio, contemplé el testimonio generoso de tantas hermanas y novicias, y escuché con mayor claridad tu 23 voz que seguía pronunciando en lo profundo de mi corazón: “Sígueme”. Desde entonces, María no ha dejado de llevarme de la mano hacia Ti. Gracias por cada etapa de mi formación. En cada una de ellas me has regalado personas que fueron reflejo de tu amor, de tu misericordia y de tu paciencia. Gracias por quienes supieron escuchar, corregir, animar, esperar y creer en mí incluso cuando yo misma dudaba. Gracias por Sor Ana Dolores Rangel, Sor Marleny Patiño y Sor Sara Sierra, quienes me han acompañado desde su misión de animación, en la respuesta fiel a ti. Gracias por cada una de mis formadoras, porque en ellas experimenté la delicadeza con la que Tú formas el corazón de quienes llamas. Hoy quiero agradecer de manera especial por Sor Gloria Consuelo. Gracias por el regalo de su vida, por el bien que sembró en mi camino y por el amor con el que acompañó mi crecimiento vocacional.
Tengo la certeza de que ahora continúa intercediendo por mí desde la Casa del Padre y sigue acompañando mi camino, para que permanezca siempre fiel a ti. Gracias por cada una de las comunidades donde me has permitido vivir. En cada hermana he descubierto un rostro diferente de tu amor; con ellas he aprendido que la fraternidad es el lugar donde Tú sigues educando el corazón. Gracias por las que me han acogido, por las que me corrigen con caridad, por las que caminan a mi lado y por aquellas que ya gozan de tu presencia. En todas ellas he experimentado que tu misericordia se hace concreta y cotidiana. Gracias también por los niños, las niñas y los jóvenes que has puesto en mi camino. Ellos han sido un regalo inmenso y una escuela permanente del Evangelio. En sus sueños, en sus búsquedas, en sus alegrías y heridas, 24 he descubierto una y otra vez que mi vocación tiene sentido. Ellos me han permitido experimentar la alegría de la entrega desde el “Da mihi animas, cetera tolle”. Gracias a cada persona que, de una u otra manera, ha sido signo de tu presencia en mi historia. Familiares, hermanas, amigos, educadores, bienhechores y destinatarios: todos han sido instrumentos de tu providencia. En cada encuentro me has recordado que nunca camino sola, porque tu amor siempre se hace cercano a través de quienes pones a mi lado. Hoy, Padre, solo deseo permanecer en ese amor que ha transformado mi vida. Quiero responder cada día con una fidelidad sencilla, humilde y alegre, sabiendo que no son mis fuerzas las que sostienen mi vocación, sino tu gracia, que nunca deja de renovarme. Hoy de la mano de María Auxiliadora, canto agradecida las maravillas que has realizado en mí. A Ella le confío nuevamente mi vida, para que siga enseñándome a decir “sí” cada día y a vivir con un corazón totalmente entregado. Como quería Don Bosco, deseo ser un verdadero monumento vivo de gratitud a María, porque reconozco con inmensa alegría que, en mi historia, Ella lo ha hecho todo. A Ti, Padre bueno, que me has amado primero; a Ti, Jesús, Esposo fiel que nunca dejas de sostenerme; y a Ti, Espíritu Santo, que renuevas cada día mi respuesta, sean por siempre la gloria, la alabanza y mi vida entera. ¡Gracias por tu amor, por tu misericordia y por tu fidelidad que permanecen para siempre!”


