GENERACIÓN 64

04
Dic

“Para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia” – Octavio Paz

En uno de los mis libros favoritos, un principito llega a la tierra con la intención de hacer amigos, y se encuentra con un zorro, quien le pide que lo domestique. Entonces, el principito descubre que domesticar significa “crear lazos”, así que, poco a poco se da cuenta de que para domesticar se necesita conocer, pero en el planeta tierra los hombres no tienen tiempo de nada, todo lo compran en las tiendas, y, como en las tiendas no venden amigos, los hombres no tienen amigos.

Puedo asegurar que en estos años juntos no sólo hemos adquirido conocimientos, habilidades y fortalezas. Si no que, sobre todo hemos crecido integralmente, nos hemos domesticado unos a otros, hemos creado lazos, hemos dejado huella en el corazón ajeno. E incluso, aunque muchos sólo conozcamos nuestros nombres o nuestros rostros, en los hilos curiosos que se tejen en las relaciones humanas, todos, a pesar de lo lejanos, hemos estado, hemos convivido, nos hemos acompañado y nos hemos amado.

Quizás no hayamos domesticado a aquel que sigue siendo un desconocido, pero en algún momento existió al mismo tiempo que nosotros, vivió lo mismo, conoció lo mismo, y ese otro ahora tiene nombre y tiene rostro y tiene sueños y tiene alma, y ese otro se transforma y nos permite reconocerlo y saber que sin importar si lo hemos domesticado o no, estuvo aquí con nosotros y será para siempre parte del recuerdo de lo que alguna vez fue y nos permitió ser.

Este discurso no es más que una oda al recuerdo, una alabanza a la memoria, una petición desde las fibras incógnitas de lo que somos para no olvidar que somos responsables para siempre de lo que hemos domesticado, y que las cosas esenciales serán siempre invisibles a los ojos.

Quiero desearles una vida llena de incertidumbre, de rodillas raspadas, de ojos extraviados, de preguntas sin respuesta. No creo que este sea el comienzo de nuestras vidas, no sería justo con el niño que fuimos, con el pre-adolescente que habitamos, con el estudiante de preescolar que también amó su pequeño mundo. Nuestras vidas comenzaron hace mucho. Este es, simplemente, el final de un camino que abre paso a otro, y a otro, y a otro, y a muchos que, quizás aún no imaginamos. Recuerden que son los escritores de su propia historia, y que solo el escritor sabe por qué escribe lo que escribe, por qué cuenta lo que cuenta, por qué sus historias tienen esos matices, esos colores, esas heridas. Además, tengan en cuenta que los escritores reescriben a partir de lo que leen, de lo que otros han escrito, de lo que han visto, de lo que han aprendido.

Gracias por haber existido al mismo tiempo que yo, en este lugar del mundo, en esta Escuela Normal que tanto sembró en nosotros, y es lo que hoy enriquece nuestra vida y corazón. Feliz búsqueda de lo invisible, generación montaña rusa, generación 64.

Susana Jaramillo
I.E. Escuela Normal Superior María Auxiliadora – Copacabana

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