Narrar historias que acerquen a las personas al encuentro con Dios.
Cuando una historia logra conectar con el corazón, deja de ser solo un mensaje para convertirse en una experiencia capaz de inspirar, crear comunidad y transformar vidas. Con esta convicción, el Ámbito de la Comunicación de la Inspectoría Santa María Mazzarello reunió a las formandas, los responsables del marketing y jóvenes de sus obras en el Primer Encuentro Presencial de Comunicación CMM, una jornada que invitó a repensar la manera de comunicar la misión salesiana.
Durante la jornada, la comunicación dejó de entenderse como la simple difusión de actividades para convertirse en un ejercicio de escucha, creatividad y construcción colectiva. A través de experiencias dinámicas, juegos, momentos de reflexión, espacios de oración, laboratorios colaborativos y el compartir fraterno de los alimentos, los participantes descubrieron que toda historia tiene el poder de generar encuentro cuando nace de la vida y pone a las personas en el centro.
El eje transversal de la experiencia fue el Storytelling entendido como una forma de comunicar con propósito. Desde el periodismo, los participantes aprendieron a transformar noticias en relatos con rostro humano; en comunicación organizacional reflexionaron sobre la importancia que la identidad institucional se construya desde la coherencia entre lo que se vive y lo que se comunica; y en el ámbito audiovisual comprendieron que una fotografía, un video, un reel o un pódcast no solo registran acontecimientos, sino que pueden narrar procesos, despertar emociones y hacer visible la presencia de Dios en la vida cotidiana.
Uno de los momentos más significativos fue la oración. Mientras cada participante construía una cámara de manera simbólica, surgió una pregunta que acompañó toda la jornada: ¿Qué historias vale la pena contar? La reflexión llevó a reconocer que comunicar también es aprender a mirar con profundidad, descubrir el bien que Dios hace y pasa desapercibido, narrarlo con autenticidad para que otros también puedan encontrar esperanza.
El encuentro estuvo marcado por un ambiente juvenil, cercano y creativo. Entre retos, conversaciones espontáneas, producción colaborativa de contenidos y el intercambio de experiencias entre las distintas obras, se fortaleció una red que entiende la comunicación como una misión compartida, donde cada voz aporta a la construcción de una identidad salesiana viva y coherente.
La jornada concluyó con la convicción: comunicar no es buscar protagonismo ni acumular publicaciones, sino crear vínculos, visibilizar el bien y narrar historias que acerquen a las personas al encuentro con Dios. Porque, cuando la comunicación tiene sentido, deja de informar para convertirse en una experiencia que educa, evangeliza y transforma.


