Cambiar la mirada

07
Oct

“La audacia misionera no comienza con la acción, comienza cuando Cristo transforma nuestra mirada.”

Del 17 al 20, la Familia Salesiana vivió el Congreso Misionero Audacia Carismática Salesiana, un encuentro que puso la misión en el centro, pero que, sobre todo, invitó a cambiar la manera de mirar.

Hablar de misión no es solamente hablar de lugares lejanos, de cruzar fronteras o de ir al encuentro de otras culturas. También es preguntarnos qué tan capaces somos de reconocer las fronteras que existen a nuestro alrededor y qué tan dispuestos estamos a acercarnos a ellas.

Uno de los momentos que más interpeló y movió durante el Congreso fue el testimonio de Don Jorge Crisafulli, SDB, delegado para las Misiones. Más allá de su cargo, fue su experiencia y su manera de hablar de la misión lo que dejó preguntas abiertas y obligó a mirar nuevamente aquello que muchas veces damos por conocido.

“La audacia misionera no comienza con la acción; comienza cuando Cristo transforma nuestra mirada.”La frase se convirtió en una de las claves del encuentro. Porque antes de preguntarnos a dónde vamos, quizás necesitamos preguntarnos cómo estamos mirando.

A veces creemos conocer a nuestros niños, niñas y jóvenes porque los vemos todos los días. Pero, ¿realmente conocemos sus nombres, sus historias, sus heridas, sus sueños, sus luchas? Detrás de cada rostro hay una historia que no puede reducirse a una cifra, una estadística o a alguien que simplemente recibe nuestra acción. Ellos no son simples destinatarios de la misión. Son protagonistas.

Por eso, la misión exige detenerse, escuchar, acercarse y caminar con ellos. Exige reconocer que también tenemos algo que aprender de sus historias y que el encuentro con el otro puede transformar nuestra propia vida.

Desde esta mirada, salir de las fronteras adquiere un significado diferente. No siempre significa viajar lejos. A veces significa cruzar la distancia que hemos construido frente a quien tenemos al lado: en nuestra familia, en el colegio, en la comunidad, en el barrio o incluso en las nuevas fronteras digitales.

Es también atreverse a estar donde otros no quieren estar, mirar a los pobres de los pobres, acercarse a quienes suelen quedar al margen y reconocer en ellos un rostro, una historia y una dignidad.

El Congreso dejó así una invitación que va más allá de querer ser misioneros en otros lugares: ser misioneros allí donde ya estamos. Porque quizá la frontera que necesitamos cruzar no está al otro lado del mundo. Quizá está a unos pasos de nosotros, esperando que aprendamos a mirar.

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