50 AÑOS DE ENTREGA GOZOSA

01
Feb

Fiesta de gozo y fidelidad.

El 27 de enero en la comunidad Villa Mornese, Campo Valdés, se celebró con alegría y agradecimiento las bodas de oro de sor Margarita María Fonnegra, sor Rosa Sánchez, sor María Ángela Restrepo, Sor María Urbina y sor Celina Vélez.

El padre Germán Darío Lopera, quien celebró la Eucaristía, resalta de manera especial el don de la vida consagrada que surge de una experiencia de amor. Es por tanto un canto existencial a la belleza de Dios, es una memoria viviente de los valores evangélicos. “No tengas miedo…rema mar adentro” lema que eligieron para la celebración y que las invita al silencio, a la oración, a la interioridad alimentada por la escucha de la Palabra. Ir mar adentro es ir donde nunca has llegado, adentrarte en la incertidumbre, en el misterio de la profundidad… Y es lo que han vivido nuestras hermanas.

Las hermanas festejadas repitieron con alegría y agradecimiento a través de la oración: “Celebrar las bodas de oro, lejos de sentir que la vida se nos escapa, es gustar el amor maduro pero vivido con el entusiasmo del amor primero, es seguir caminando con paz, sin prisa ni protagonismos, sin inquietudes engañosas, con una comprensión creciente hacia todos, dejando que Dios vaya madurando desde el interior, en la vida cotidiana. Es ahora cuando cobra sentido el gastarnos por el otro, es ahora cuando cada experiencia dulce o amarga, cada logro grande o pequeño, tienen un significado diferente … Es hora de entonar el Magníficat agradecido por las grandezas del Dios fiel”.

El celebrar esta fiesta hace reconocer el misterio del amor de Dios que siempre nos sobrepasa y nos atrae, y el ver mujeres consagradas como nuestras hermanas, hace exclamar:  TODO ES DON Y GRACIA.

El compromiso, la fidelidad gozosa siempre son fuente de alegría, por eso con el gozo de sor Rosita, sor María Ángela, sor María, sor Margarita María y sor Celina, decimos gracias porque el Señor Jesús ha sido el centro de sus vidas, sus corazones son universales y sus mentes están abiertas a la realidad del mundo de los niños y los jóvenes. Gratitud porque saben reconocer todo lo bueno, todo lo noble, todo lo bello, y saben encontrar todos los rasgos que Dios ha dejado en su corazón a lo largo de estos 50 años.

Unidas como comunidad pusimos sobre el altar la vida de cada una, para que, al renovar su consagración, se haga más evidente su ser sal y su ser luz del mundo. Vidas consagradas capaces de dar sabor cristiano a todo lo humano, vidas que son luz en el camino de los demás.

Unidas como hermanas decimos: gracias Señor por tu fidelidad y tu amor de predilección.

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