
Profunda unión con Dios.
La Fiesta de la Gratitud Local fue un espacio de profunda comunión, vivido desde el carisma salesiano como un momento especial para agradecer a Dios por el don de la vida y vocación, por la fraternidad experimentada en comunidad y por la fuerza de la oración que une a cada una de las hermanas. En esta celebración, cada gesto y acción recordaron el profundo amor de Dios, un amor que invita a vivir la vocación del servicio con alegría.
Este año, la comunidad María Auxiliadora de Santa Rosa de Osos se preparó para esta celebración con la carta encíclica “Dilexit Nos” del Papa Francisco. En este documento, el Santo Padre reflexiona sobre el amor humano y divino desde el Corazón de Jesucristo e invita a reconocer el inmenso amor de Dios presente en la vida de cada creyente.
Dilexit Nos como itinerario vocacional
La elección de esta encíclica como guía espiritual para la Fiesta de la Gratitud no fue casual. En ella, el Papa Francisco recuerda que el amor de Dios es fundamento de la existencia y de la misión de cada persona en el mundo. En la vida religiosa, este amor se convierte en el motor que impulsa la entrega total a través de la vivencia de la pobreza, la castidad y la obediencia.
Para los miembros de la Familia Salesiana, la vida consagrada no se limita a la oración, sino que es una forma concreta de vivir el amor de Dios, especialmente en medio de los más necesitados: los jóvenes y los vulnerables. La encíclica exhorta a vivir un amor auténtico, tanto en su dimensión humana —manifestada en la fraternidad y la vida comunitaria— como en su dimensión divina, que llama a la entrega total a Dios y al prójimo. No se trata de un amor superficial o pasajero, sino de un amor nacido del Corazón de Cristo, que se entrega sin reservas y transforma vidas.
Celebración de la vida comunitaria
El día de la Fiesta de la Gratitud Local, la comunidad celebró la Eucaristía como expresión de profunda unión con Dios. Durante la liturgia, se elevó una acción de gracias por el don de la vida religiosa salesiana, por sor Adriana Arango, directora de la comunidad y por el camino recorrido junto a cada una de las hermanas. Fue una oportunidad para reconocer con alegría y esperanza la misión recibida de Don Bosco y Madre Mazzarello: educar y evangelizar a los jóvenes.
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la celebración de las Vísperas, inspirada también en la encíclica Dilexit Nos. Esta oración permitió a las hermanas disponer el corazón para acoger el llamado de Dios en la voz de otras hermanas que, con su testimonio, animan a responder con generosidad a las iniciativas amorosas del Señor.
Durante este espacio de oración, varias hermanas compartieron sus experiencias personales de fe, expresando cómo han sentido a lo largo de su vida la cercanía y guía de Dios. Su presencia amorosa y constante las ha ayudado a responder con mayor fidelidad a la vocación recibida. Así, la oración de Vísperas se convirtió en una oportunidad para fortalecer la respuesta diaria al llamado a configurarse con Cristo, un desafío permanente que solo puede asumirse con la gracia de Dios y el apoyo de la comunidad.
Un momento especialmente emotivo fue la acción de gracias por la vida y vocación de sor Adriana Arango, quien, con su acompañamiento, ha sido reflejo del amor de Dios al guiar la comunidad con ternura y fraternidad. Gracias a su entrega, la vida comunitaria se ha fortalecido como un espacio de crecimiento, apoyo mutuo y fraternidad.
La Fiesta de la Gratitud también fue ocasión para agradecer a cada una de las hermanas de la comunidad que, desde su riqueza personal, aporta a la construcción del tejido fraterno. En este contexto, la gratitud se manifestó como una forma concreta de reconocer el amor y la entrega diaria en el servicio a Dios y a los demás.
La comunidad concluyó la jornada profundamente agradecida por el don de la vida religiosa salesiana, por la fuerza de su fraternidad y por la oportunidad de continuar edificando una vida consagrada al servicio, siguiendo el ejemplo de Don Bosco y Madre Mazzarello. Que este espíritu de gratitud nos impulse a seguir adelante con esperanza, con amor y con el corazón lleno de la misericordia de Dios.
– Sor Tania Blandón

