Don Bosco vive en nuestra comunidad educativa.
Celebrar a Don Bosco en nuestra Institución Educativa Escuela Normal Superior María Auxiliadora de Copacabana no fue solo cumplir una fecha: fue detenernos, mirarnos como familia salesiana y volver al corazón de lo que somos y soñamos. La fiesta de Don Bosco se vivió como un verdadero encuentro de fe y de alegría donde cada momento nos recordó que la santidad propuesta por Don Bosco sigue siendo actual.
El centro de nuestra celebración fue la Eucaristía, espacio privilegiado donde nos reunimos como comunidad, para agradecer y confiar. En torno al altar recordamos la santidad de Don Bosco, una santidad hecha de amor por los jóvenes y de una confianza absoluta en Dios. No una santidad lejana o imposible, sino una propuesta concreta: vivir con alegría, pero también con responsabilidad los acontecimientos de cada día.
Durante la celebración, presentamos al Señor todos los proyectos que marcarán nuestro camino en este 2026, con la certeza de que juntos “construiremos cartografías de vida y renovaremos la esperanza”. Cada iniciativa fue puesta en sus manos, seguros de que, cuando se sueña y se trabaja desde Él, los frutos se van dando. Fue un momento para renovar la fe y para asumir, como comunidad, que educar también es un acto de esperanza.
Después de la Eucaristía, vivimos un acto central cargado de sentido. Allí resonó con fuerza la invitación del Rector Mayor a toda la familia salesiana, presentada en la Strenna: SER CREYENTES LIBRES PARA SERVIR. Un llamado muy desafiante que nos interpela a vivir una fe madura y comprometida, que no se queda en palabras, sino que se traduce en servicio y compromiso social. Este momento nos recordó que la libertad que nace de la fe no es comodidad ni indiferencia, sino una opción valiente por el otro, especialmente por quienes más lo necesitan, al estilo de Don Bosco.
Fieles al espíritu salesiano, la celebración también tuvo su espacio para la alegría compartida. El recreo animado se convirtió en un verdadero encuentro entre generaciones: profesores, estudiantes y salesianos posnovicios participaron juntos en un torneo relámpago de fútbol. Más allá de los goles, lo que se celebró fue el encuentro, la risa, el compañerismo y la certeza de que el patio sigue siendo el lugar donde se educa desde la cercanía y la amistad. Allí, como quería Don Bosco, todos nos sentimos parte, sin distinciones, viviendo una alegría sencilla y auténtica.
La jornada culminó con un gran encuentro de pastoral que involucró a todo el colegio en el que, través del juego, la recreación y la reflexión, profundizamos en el compromiso social de Don Bosco, entendiendo que educar no es solo transmitir conocimientos, sino formar corazones sensibles a la realidad y dispuestos a transformarla. Los estudiantes de quinto grado asumieron con entusiasmo su papel de responsables y protagonistas en la primaria, animando estos espacios y por nuestra parte, los estudiantes de décimo y once lideramos las actividades en el bachillerato, mostrando que cuando confían en nosotros, podemos responder con creatividad y compromiso.
Esta fiesta de Don Bosco nos dejó una certeza: él sigue caminando con nosotros, su espíritu sigue vivo en nuestra institución. Hemos recordado que somos herederos de un sueño que sigue creciendo. Un sueño que nos invita a ser comunidad y a comprometernos desde hoy, en la construcción de un mundo más justo y fraterno.
– Alumnos de 10º
I.E. Escuela Normal Superior María Auxiliadora, Copacabana


